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«El doble reto africano»

África en moto con Shiro Helmets
Pero íbamos bien equipados

Hoy te traemos la crónica de la expedición Fuentes del Nilo, una aventura solidaria en moto a favor del proyecto «Cirugía en Turkana». Desde SHIRO, acompañamos a nuestro gran amigo y embajador Luis Heras y al equipo One Life, Live It en esta gesta tan especial en Turkana. Acompañados de material de SHIRO HELMETS, como nuestro casco K12 Scratched Chrome, que han tenido la oportunidad de estrenar, guantes, gafas de motorista y gafas de sol. Él mismo te cuenta en nuestro blog su aventura por África hacia «Cirugía en Turkana«.

«Este es el tercer viaje en moto del equipo de “One Life, Live It” a Turkana, donde la aventura humana y deportiva van de la mano. Desolada y desértica, ocupa el norte de Kenia, en la frontera con Uganda, Sudán del Sur y Etiopía. Un destino duro y tórrido por la falta de agua potable y la escasez de recursos para sobrevivir, pero amable y hospitalaria cuando encontramos a los Turkanas, a los misioneros de la Comunidad de San Pablo Apóstol y a nuestros amigos de Cirugía en Turkana con sus increíbles proyectos de educación y sanidad.

En nuestros viajes siempre hay una parte solidaria, aunque en la balanza siempre salimos ganando por todo lo que nos llevamos dentro. Este año gracias a la generosidad de la Fundación Bernard Sunley donamos dos KIBO K160, ideales para ayudar en las tareas del dispensario médico y las escuelas de la misión.

Turkana ya se ha convertido en una cita obligada. Cada año nos proponemos llegar por una ruta diferente y que suponga un reto mayor a dos ruedas. El plan esta vez era arrancar en Kisumu, al suroeste de Kenia y a las orillas del lago Victoria, un comienzo con sabor a Aventura, “Doctor Livingstone, supongo”. Y desde allí adentrarnos en Uganda para descubrir el nacimiento del Nilo, en Jinja. Recorrimos por tierra y por agua los primeros de los 6.800 kilómetros del 2º río más largo del mundo tras el Amazonas. 

Continuamos rumbo norte por las pistas de tierra roja de una Uganda amable y fértil. Hay abundancia de fauna y vegetación. El agua es vida y eso se nota en la mirada de los niños, se les ve felices, sonrientes, se arremolinan en torno a nosotros, se suben a las motos, juegan. Seguimos por pistas rápidas hasta los pies del monte Elgon en busca de Sipi Falls, un vergel de cascadas, montañas y selva. Sabemos lo que nos espera en Turkana y el contraste es brutal.

La emoción por lo desconocido

Según ascendemos hacia Kidepo, el agua comienza a escasear, los rostros se tornan más duros y serios, el camino se llena de mujeres y niños porteando el agua durante kilómetros hasta sus aldeas, con los característicos bidones amarillos que ya se han convertido en un símbolo de lucha por el agua.

Por fin alcanzamos la reserva natural de Kidepo, en la frontera con Sudán del Sur, imagínate la sensación cuando descubres desde la moto elefantes, jirafas, cebras, búfalos, te sientes afortunado y tambien cómo la adrenalina recorre tu cuerpo.

Kenia está muy cerca, estudiando el mapa se nos mete en la cabeza hacer rumbo directo por el paso de Oropoi. Preguntamos a militares y nos confirman que se puede, aunque nos advierten que la pista es dura, especialmente para el Toyota que llevamos de asistencia. Lo que no imaginábamos es que este paso se convertiría en el “reto” del viaje, una complicada trialera que desciende 1.000 mt en los pocos km que separan Uganda de Kenia. 

Tocamos suelo keniano con una sonrisa de satisfacción, como niños por haberlo conseguido, pero no encontramos el puesto fronterizo. Así que entramos en el país de una forma un tanto irregular. Estamos en plena estación seca, pero el cambio climático hace que el cielo se desplome sobre nosotros, nos inunda ese olor a tierra mojada que tanto me gusta. En pocas horas los ríos se desbordaron, inundando las carreteras que los cruzan y obligándonos a quedarnos en Kakuma. En esta olvidada población sobreviven más de 200.000 personas en el mayor campo de refugiados de África. Nuestros amigos de Cirugía en Turkana llevan años trabajando como voluntarios en el hospital local y pasamos a saludarles antes de seguir hacia el lago Turkana.

Llegada a Kenia pasada por agua

Llegando a Lodwar nos adelanta de nuevo la tormenta y en menos de una hora, un río de lodo nos corta el paso. Alrededor se arremolinan cientos de personas esperando que el nivel baje y permita cruzarlo, parece una fiesta, la gente disfruta con el acontecimiento. Como puede tardar horas o días, negociamos y metemos las motos en un camión portacontenedores que se dispone a cruzar y así por fin llegamos a la ciudad. Nos merecemos un descanso.

Con una buena equipación como el SHIRO K12 no hay obstáculo que nos detenga

Amanece temprano y nos dirigimos a orillas del lago Turkana, el Mar de Jade, 250 x 40 kilómetros de agua salobre, pero, aunque no sea potable las tilapias y percas del Nilo si alimentan a los turkanas. Aquí nuestra aventura motera termina y comienza la aventura humana. No podemos resistirnos a darnos un baño en sus aguas. Ya con una Tusker en la mano, la cerveza local, nos enteramos de que los cocodrilos han hecho de las suyas, la semana anterior habían devorado a la mujer de un pescador Turkana.

Guillermo y Jesús regresan a España, mientras que Reme, Topo y yo nos quedamos una semana más con Carmen Hernández y su equipo de cirujanos, para ayudar en lo que podamos e intentar dar nuestra mejor versión. Son los daktaris mzungus, como los llaman aquí, y llevan 17 años asistiendo al pueblo Turkana en el hospital público de Lodwar, la capital del condado. Realizan más de 200 cirugías, y atienden a 700 pacientes en cada campaña. Traumatólogos, ginecólogos, microbiólogos, anestesistas, cirujanos, enfermeras y estudiantes, haciendo “justicia social, no caridad”, como Carmen define su labor.

Sin perder nunca las ganas de ayudar

Es una semana de mucho calor, y de experiencias muy intensas, compartiendo el día a día con todos ellos, viendo cómo trabajan sin descanso y poniendo todo su conocimiento y cariño en cada Turkana: cambiándoles la vida.

Aprovechando el fin de semana todo el equipo de Cirugía en Turkana se desplaza a la misión española San Pablo Apóstol, en Nariokotome. Allí médicos y misioneros, que trabajan de la mano en el desarrollo del pueblo Turkana comparten esos días información, proyectos y también buenos momentos con una Tusker en la mano. Nariokotome es también el destino final de las dos Kibo que donamos y que el padre Antonio pilota como lo hace con su avioneta y cualquier “cacharro” que le permita recorrer toda la región echando una mano a quien lo necesite.

Llegamos a Nariokotome

Kibo es una marca keniana. Son motos robustas, fiables y pensadas para viajar en África, donde en una piki-piki viaja toda la familia con su equipaje, ganado y lo que se tercie. Durante los 2.000 km de nuestra aventura las Kibo han resistido sin un solo fallo, y el recorrido no ha sido fácil, por lugares realmente muy duros, incluyendo trialeras, arena y vadeos. Un chasis fabricado en España y motor japonés, buena combinación.

Su planta de montaje está en Nairobi y su equipo humano nos ha ayudado desde el primer momento, cediéndonos las motos para el viaje y todo el soporte que necesitásemos.

Las combinación perfecta para un recorrido tan duro

Como guinda a la expedición, el embajador de España en Nairobi, Javier García de Viedma, aprovechó la campaña de Cirugía en Turkana para volar hasta Lodwar y conocer el proyecto de primera mano, así como visitar las misiones de Lobur y Nariokotome.  Además de diplomático, ¡Javier es motero!  y con las dos KIBO que dejamos en la misión pudimos visitar las escuelas y el dispensario médico, que construyeron y gestionan los misioneros. Allí albergan a más de 3.000 niños, procurándoles dos comidas diarias y educación.

Quiero dar las gracias a Topo, viajero experimentado y gran tipo, con el que viajar por África es siempre una aventura, capaz de gestionar los momentos más críticos con la mejor de sus sonrisas. A los amigos de Kibo por ayudarnos con sus motos y amistad, a Shiro Helmets y Lucía que siempre nos apoya con los cascos, guantes y gafas que vamos dejando por el mundo, a Carmen y a todo el equipo de Cirugía en Turkana, no tengo palabras para agradecer la experiencia que hemos vivido con ellos en la consulta, en el quirófano, viéndoles cambiar la vida de los más desfavorecidos. Gracias al padre Antonio, Patrizia, Escolástica, Alex y todos los misioneros que invierten su vida en ofrecer cuidados y educación a los Turkana. Gracias a Javier por su apoyo a los proyectos solidarios desde la Embajada Española, y a mis compañeros de aventuras, Guillermo Méndez, Jesús Alonso y Reme Morán, infatigables y siempre optimistas.

One Life, Live It.»

*Crónica de Luis Heras, aventurero, motero solidario y #ShiroAmbassador

¡Todos para uno, y uno para todos!

Para más aventuras en África en moto en las que hemos colaborado, tienes este otro post, o la aventura de «Un diabético en el Dakar«.

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